lunes, 8 de febrero de 2010

Desde el cariño y el respeto


Con dificultades la cuadrilla de costaleros del devotísimo Cristo de la Lanzada ha comenzado su peregrinación hasta el Martes Santo de 2010. Las compañeras de viaje, las dificultades, serán superables si es que somos capaces de arroparnos entre todos y crecernos ante las adversidades. Los que lleváis años en este mundo, no os extrañáis de nada, pues pertenecer a esta cuadrilla de costaleros adquiere la impronta de su propia naturaleza. La humildad de Hermandad favorece el hecho de que nada sea fácil, el recorrido y distancia al Templo Metropolitano tampoco hace cómodo el trabajo costalero, el escaso apoyo parroquial. Pero de todo sabe salir venturoso este cuerpo costalero, los nuevos costaleros saben a lo que vienen y se curtirán en la adversidad. Ahora bien, no conviene añadir más espinas al duro peregrinar. Todos hacemos lo que podemos y si no hacemos más se debe entender, desde la honradez que nos caracteriza, que es porque no se ha podido hacer más. No es adecuado dudar de la buena gente que aporta lo que puede. Y menos si se compara a la gente, cada uno es cada cual y carga con sus circunstancias y lo mismo que no hay que exaltarnos y enardecernos cuando estamos cumpliendo con nuestra obligación, no se nos debe censurar, por el mero hecho de que no hayamos podido cumplir con ella en una situación puntual y coyuntural. Y menos comparar a seres singulares que por naturaleza somos incomparables. Nadie se comporta mejor si se le trata peor, y quizás lo único que se consiga sea la desafección y pérdida del cariño que nos une a las personas y a los miembros de las corporaciones y hermandades nazarenas. Es cierto que uno se siente a gusto en esta hermandad, pero este estado debe cultivarse.
Soy uno de los que el pasado sábado no asistí a la presentación del Cartel de la Hermandad y a la Cena de Hermandad, pero quizás la cuestión sería preguntar por qué no asistí a pesar de que quería hacerlo, en vez de juzgarme y hacerme sentir mal. Lo expuesto se plasma tal y como lo siento y con todo el respeto al Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno y a todos los hermanos que asistieron al mismo y que me echaron de menos. Porque nada más que por ese detalle me indica que me sentís como parte de la Hermandad. Pero evitar el camino del reproche, sólo nos conduce al desapego y a la indiferencia.
Primer ensayo de la Valiente

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