lunes, 15 de febrero de 2010

Y ahí quedó, señores gracias por todo


Bien estuvo mientras duró, he podido compartir buenas experiencias y momentos intensos de Semana Santa de forma muy directa y como pienso que de bien nacido es ser agradecido, agradezco especialmente a Javier Sierra Antequera la oportunidad que me dio para colaborar en este ilusionante proyecto, y por ofrecerme su conocimiento y sentimiento cofrade de forma totalmente desinteresada. Igualmente a Alejandro segundo capataz, por su manejo técnico en el ámbito de la costalaría, asimismo a todos los compañeros del cuerpo de capataces por todas las complicidades compartidas necesarias para desarrollar la labor acometida. Especialmente agradezco a los costaleros que me acogisteis sin reservas por vuestra sinceridad. Y por último a aquellos miembros de la Junta de Gobierno y hermanos (no tengo claro a quién me refiero) que abrieron con sinceridad sus brazos de par en par para acoger mi presencia sin reservas en la cofradía. Seguro que habéis dejado una huella en mi vida semanasantera.
A los Judas Iscariotes y de puñalada trapera fácil, lo siento, en vuestro pecado llevasteis vuestra penitencia. Quizás es el único dolor que me llevo, sabiendo que estábamos fuera del equipo de capataces, pues la decisión ya estaba tomada, la gente que va de frente, lo dice a la cara y no muestra la distancia gélida con la que se dirigió a mí durante el segundo ensayo del pasado sábado, hay formas y formas, y con las experiencias personales que llevo a mis espaldas y la edad que tengo no merecía esta despedida.Ya el Viernes dos miembros de la Junta de Gobierno, "Gatillo Fácil" y "Verbo Florido", nos señalaron con el dedo acusador como culpables de todos los males de la cuadrilla de costaleros y de la Hermandad por el ignominioso pecado de no trasladar, a su juicio, con voz potente las ordenes del capataz ¡¡¡contundente argumento e insulto a la inteligencia!!! actuación que estaba decidida y pactada ¿a cambio de treinta denarios de plata o fue gratis? Por ello, el mismo sábado se me pudo decir de frente, no contamos contigo y gracias por los servicios prestados, y no tenerme allí de cuerpo presente estando ya condenado. Hay algo peor que la mentira, la falsa verdad, somos personas y tenemos sentimientos, no se nos puede tratar igual que a objetos que se ponen y se quitan a disposición del gracioso antojo, siempre existe la excusa: se hace por el bien de la hermandad, que es el bien supremo que hay que preservar, mientras a las personas que les den por ahí,... No me reconozco tan importante, como para que de mi presencia o ausencia del cuerpo de capataces, dependa la buena o mala marcha de la Hermandad, deben ser otros los intereses o pretensiones ocultas las que subyacen en mi destitución. Este tipo de miserias ya las había olvidado de mi otra etapa de militancia cofrade, ahora las vuelvo a revivir con el dolor propio de la edad. Espero que sea la última. Además no se trata sólo de expresar mi malestar sobre lo acaecido sobre mi persona, me duele aun más que se juegue con la ilusión de Enrique, mi hijo, los que tomáis decisiones tenéis hijos y con un poco de empatía podríais comprender a lo que me refiero.
Bueno, es este el momento reservado para la despedida, creo que hay que hacerlo en silencio, tal y como lo hice cuando llegué, por ello con agradecimiento y sin acritud muchas gracias señores costaleros de la valiente, me gustará patear las calles el próximo Martes Santo y encontrarme con el Moreno portado por la generosidad de la Valiente, me recrearé con vuestro buen hacer.
Disculpas, presento, para aquellos que pensaron que no supe o pude estar a la altura de la responsabilidad que se me exigía, posiblemente llevarán razón, pero en mi descargo, les digo que las aquiescencias unánimes en la vida son difíciles, y en el ámbito cofrade, aun más, es imposible. Hice lo que pude, y si no llegue a la altura, no fue por mi indolencia.
El presente Blog queda cerrado y a disposición de aquel que quiera trabajar en su continuidad.
Hasta el Martes Santo Valientes.

1 comentario:

  1. Hola Miguel, soy Alejandro.
    Gracias por tus palabras. Las formas suelen ser siempre mejorables, esta quizá también lo sea. Desear a los venideros suerte. A los que fueron, son o serán, tres son los errores a corregir, y que me permito sean mi legado, con sinceridad y cariño, lejos de acritud. Falta de fe, falta de humildad, falta de anonimato.

    A los costaleros de La Lanzada, agradecer su paciencia. He vivido momentos inolvidables con vosotros. Mis disculpas si os he fallado.

    A Javi Sierra poco le tengo que decir, él ya sabe todo lo que tiene que saber de mí. Públicamente agradecer la oportunidad que me brindó para poder ser parte de la historia de La Lanzada.

    Un abrazo.

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