viernes, 8 de abril de 2011

Mi más profundo y sincero agradecimiento

Hace tres años que me acerqué a vuestra cofradía y en tan poco tiempo sé que también es mía. Siento un enorme vacío y me duele el alma por la ausencia y la pérdida de mi madre a la que tanto quería. Me habéis escuchado hablar de que encarnaba para mí la bondad absoluta, infinitita, sin reparo y desinteresada, que la Caridad en su alma se personificaba. Me habéis escuchado decir que siempre hizo el bien sin tener que mirar a quien, que a pesar de recibir alguna que otra Lanzada siempre acudía a quién lo necesitaba, para ella el perdón realmente no existía pues era tan Cándida que jamás en la afrenta reparaba. Comprenderéis ahora que el que yo recalara en la cofradía del Cristo de la Lanzada y de la Virgen de la Caridad no fue una casualidad. El Señor a través de mi madre ya lo había dispuesto, y ahora ya no encuentro palabras para expresar hacia todos y todas mis hermanos y hermanas mi más sincero agradecimiento. El desgarro que sufre mi alma ha contado con el respaldo y apoyo sincero de mi Junta de Gobierno, perdona querido Hermano Mayor por el uso del adjetivo posesivo, que me habéis ayudado con vuestra presencia, vuestras palabras de consuelo y oraciones a soportar tan sensible pérdida, os he sentido muy cerca de mí cuando más lo necesitaba. Sin llegar a conocerla habéis compartido conmigo el inmenso amor que he tenido y tengo hacia mi madre, y que ahora desde el Cielo y junto a nuestro Señor no dudéis que ella estará intercediendo por todos nosotros. No dudéis que ella en su infinita bondad nos ayudará todos a ser mejores personas y buenos hermanos.
Querido Hermano Mayor, estimados y apreciados miembros de la Junta de Gobierno, y hermanos en general de la cofradía de la Lanzada, gracias, muchas gracias y más gracias por ser como sois y por haber actuado cual cirineos haciendo más liviano el hondo penar que siento en lo más profundo de mi alma.
Miguel Vicente Prados, hermano de la Hermandad de la Lanzada