martes, 20 de octubre de 2009

La Valiente, la orquesta perfecta en su día de fiesta.


Treinta y cinco artistas interpretando la más bella sinfonía que en la Granada cofrade el día tres de octubre se componía. La música cofrade en su revuelo debe trascender el suelo y subir hasta el cielo. Para ello se deben tener unos ingredientes que aun no siendo frecuentes en la Valiente sí están presentes. Necesita tener fuerza para que la pieza interpretada esté bien atemperada e influya en el ánimo de quién asiste a una magna interpretación con sincera devoción, para ello están los artistas de las corrientes que con su costal dan poderío y potencia haciendo vibrar al gentío. Hace falta cadencia y medida para que cada movimiento suene con fundamento, son los costeros los que con su caminar tan juncal hacen que la música suene a canto celestial. Es fundamental el tempo y la mesura para ello están las voces de dentro que con celo siempre procuran la armonía y la cordura. La pieza musical una buena línea debe llevar, para eso está la delantera que de pata a pata, toda entera, anda adelante altanera, aunque sin el acento y empuje de la trasera esta cuestión posible no fuera. La pieza necesita estructura, una buena variación con valentía ayuda a no caer en la monotonía, los pateros son los artesanos que de forma magistral adquieren aquí protagonismo fundamental, siempre con el apoyo necesario de los fijadores que actúan como los mejores tenores. Los músicos del costal se estructuran en distintas secciones para dar los mejores acordes que se transformen en los sobresalientes sones que enardezcan todos los corazones, son los palos o trabajaderas que preñadas por corazones con costal interpretan la mejor obra coral que una cuadrilla de costaleros pudiera soñar. Ya tenemos a los mejores artistas interpretando las magnas melodías para paliar el dolor supremo de nuestro Moreno Zaidinero. Solo queda la afinación y un poco de dirección para llegar a la total sublimación, para ello está el capataz y su cuerpo de ayudantes, que aunque sea la aportación, de estos últimos, menos importante, tributan la pizca de sal para la actuación coral.
Con esta metáfora musical hemos querido dar un emotivo y sentido homenaje a los costaleros con más coraje, que dando siempre un paso adelante caminan de frente, pues forman la cuadrilla de la Valiente ¡Enhorabuena buena gente!

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