sábado, 16 de mayo de 2009

El enigma del costero derecho

El Cáliz de la Alianza

Hay un punto negro en un folio blanco. Cuando se nos pregunta qué vemos ante nuestros ojos, pues hay quien sólo ve el punto negro. En realidad la inmensidad del folio blanco es muy superior pero sólo ve el diminuto punto negro.
Una persona en posición erguida señala con su dedo la luna, habrá personas que cuando le preguntes sobre lo que ven, siempre te dirán que ven el dedo y nunca repararán en la luna.
Cuando hacemos balance y evaluamos situaciones en nuestra vida nos puede pasar lo mismo, ver y enfatizar solo aquellos pequeños detalles que están mal, que nos hacen sentir frustración y dejar de reparar en todo lo conseguido, que posiblemente sea mucho más y más importante.
Un retraso en un tramo del recorrido procesional, una maniobra novedosa en la entrada de recogía en el templo -que no se volverá a realizar más- que se alarga, las revirás que no salen según un determinado canon estético, cierto descontrol y algún que otro escaqueo en los relevos, el sempiterno hundimiento del costero derecho, etc. Perdonar mi atrevimiento hermanos, y permitirme que os diga que no son cuestiones relevantes comparadas con todo lo que se ha conseguido en un año tan complejo como el que nos ocupa. Y que debemos desinstalarnos de la crítica descalificante y estéril que no construye, ni suma, ni aúna y que tampoco nos hace mejores.
No digo que no haya que reflexionar sobre estas cuestiones, y que como consecuencia de dicha reflexión se pueda colegir: que ante eventos nuevos hay que ser previsores y no improvisar sobre la marcha, que el andar del paso del Moreno sea mejorable y que en consecuencia sea pertinente definir unos criterios estéticos de andar costalero (revirás, levantás, arriás, igualás, racheo en el paso, cadencia, compás, etc.) que definan un estilo, que ser hermano costalero es mucho más que ser hermano y ser costalero, etc. Pero que no veamos sólo el dedo, que seamos capaces también y sobre todo de ver la luna.
En definitiva, pretendo apuntar que tenemos virtudes además de defectos y que sumando las virtudes podemos crecer como hermandad y como cuadrilla costalera, que tememos espacio para la mejora, pero siempre que esta venga de la crítica constructiva, razonada y sosegada, aquella que aporta propuestas y alternativas de mejora. Desde ahí creceremos, seremos mejores, nos sentiremos más orgullosos y hasta puede que no haya que reparar más en el enigma del costero derecho porque se haya resuelto solo.

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